El Espíritu de Maat
Vol 1 Agosto2000

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El Efecto Isaías: Un Mensaje de Esperanza y Posibilidades
    Extracto de El Efecto Isaías: Decodificando la Ciencia Perdida de la Oración y la Profecía.*

    Copyright 2000
    por Gregg Braden (ver biografía)
Gregg Braden
    "Sólo ahora, cerca de dos mil años después de que el Gran Manuscrito de Isaías fuese escrito, somos capaces de reconocer su referencia a una ciencia perdida, con la capacidad de . . . poner fin al sufrimiento y traer una paz duradera a nuestro mundo".

    ¿Podría existir una ciencia olvidada que nos permitiese transcender las visiones de la guerra, la enfermedad, la muerte y las grandes tragedias que afronta la especie humana?. ¿Es posible que en algún lugar, en la bruma de nuestra memoria ancestral, ocurriese un hecho que dejase un vacío en nuestro entendimiento de cómo entender nuestra relación con el mundo y con los demás?. Algunos textos de veinticinco siglos de antigüedad, así como la ciencia moderna, sugieren que la respuesta a estas, y a similares preguntas, es un sonoro ¡"Sí"!.

Con el lenguaje de sus tiempos, aquellos que nos precedieron, nos recuerdan esas dos poderosas tecnologías con relevancia directa en nuestros días. La primera de ellas es la ciencia de la profecía, que nos permite ser testigos de las consecuencias futuras de las elecciones que hacemos en el presente. La segunda es la sofisticada tecnología de la oración, que nos permite elegir la profecía que deseamos vivir.

Los secretos de nuestras ciencias perdidas parecen haber sido largamente compartidos por las sociedades y tradiciones del pasado. Los últimos vestigios de esta poderosa sabiduría fueron velados para las tradiciones occidentales, tras la desaparición de antiguos textos en los que se hacía referencia, en el siglo catorce. A los ojos de la ciencia moderna, las recientes traducciones de textos tales como los Manuscritos del Mar Muerto, la Biblioteca de Nag Hammadi y los Manuscritos de los Gnósticos descubiertos en Egipto, han arrojado nueva luz y abierto nuevas puertas a posibilidades insinuadas en el folclore antiguo y en las historias de cuentos de hadas.

Solo ahora, cerca de dos mil años después de que dichos documentos fueran escritos, somos capaces de reconocer el poder y la fuerza que vive dentro de nosotros, un poder verdaderamente real, con la capacidad de poner fin al sufrimiento y traer una paz duradera a nuestro mundo. Las visiones del profeta Isaías del Antiguo Testamento, por ejemplo, se remontan a unos quinientos años antes de Cristo. El único manuscrito descubierto intacto entre los Rollos del Mar Muerto, en 1946, el manuscrito completo de Isaías, se encuentra desenrollado y montado sobre un cilindro vertical que puede verse en Israel en el Santuario del Museo del Libro de Jerusalén. Considerado como irremplazable, su exhibición se encuentra protegida dentro de una bóveda cubierta por compuertas de acero para preservar el manuscrito para las futuras generaciones en caso de un eventual ataque nuclear.

    "Todas las profecías siguen un modelo común: las descripciones de catástrofes son inmediatamente seguidas por visiones de vida, disfrute y nuevas posibilidades".

Por su antigüedad, su naturaleza completa y el hecho de ser material escrito, los Manuscritos de Isaías proporcionan una oportunidad única para ser considerados como representativos de muchas profecías relacionadas con nuestro tiempo histórico. Más allá de la especificidad de hechos concretos, una visión generalizada sobre las profecías antiguas revela una trama con un mismo hilo conductor. En cada visión hacia nuestro futuro, todas las profecías siguen un modelo en común: las descripciones de catástrofes son inmediatamente seguidas por visiones de vida, disfrute y nuevas posibilidades.

En el más antiguo manuscrito de su clase, Isaías comienza su visión de futuros posibles, detallando un tiempo de destrucción global producida a una escala sin paralelo. Claramente catastrófico en su enfoque, Isaías describe este ominoso momento como un tiempo donde "la tierra se encuentra completamente devastada, vacía". Irónicamente, su visión a un tiempo todavía por venir, refleja exactamente las descripciones de muchas otras profecías de una gran variedad de tradiciones distintas, incluyendo tradiciones nativas de Norte América, como los Hopi, Navajos y los Maya de Méjico y Guatemala.

La visión de los versículos que siguen a las descripciones de devastación del profeta Isaías cambia, sin embargo, completamente a un enfoque de paz y salud. Continúa: "Los arroyos sustituirán a los desiertos y las riberas a las estepas. Las arenas quemadas se convertirán en lagunas y la tierra sedienta recibirá el agua de la primavera". Sugiere además Isaías que, "ese día el sordo podrá oír las palabras de un libro y apartadas la tristeza y la oscuridad los ojos del ciego verán".

A lo largo de cerca de veinticinco siglos, los eruditos han interpretado tales visiones como la descripción de hechos que sucederían en el orden lineal y preciso en que aparecían descritos en los manuscritos de Isaías: primero la tribulación de la destrucción; después un tiempo de paz y salud. ¿Es posible que aquellas visiones de otros tiempos pudiesen estar diciendo algo más?. ¿Podrían las visiones de los profetas representar la sabiduría de maestros, deslizándose entre las palabras de futuros posibles y registrando sus experiencias para las futuras generaciones?. Si fuese así, los detalles de sus viajes podrían ofrecer poderosas pistas para un tiempo todavía por venir.

    "A veces un muy ligero cambio en el curso de nuestra acción en el presente, puede redirigir completamente nuestro futuro".

Haciéndose eco de las creencias de los físicos del siglo veinte, los antiguos profetas vieron el tiempo y el curso de nuestra historia como un camino que podía recorrerse en tres distintas direcciones; verticalmente, así como hacia atrás y hacia delante. Los videntes del pasado reconocían que sus visiones meramente proyectaban posibilidades para un tiempo dado, más que hechos que pudiesen ocurrir con certeza. Cada posibilidad estaba basada en las condiciones dadas en el tiempo de la profecía. En la manera en que las condiciones cambiasen, el resultado de cada profecía podría reflejar dicho cambio. La misma línea de razonamiento nos recuerda que cambiando el curso de nuestra acción en el presente, a veces solo un pequeño cambio puede producir un resultado completo totalmente diferente en nuestro futuro. Este principio se aplicaría tanto a las circunstancias individuales, como la salud y las relaciones personales, como también a las generales que se encuentran sucediendo a nuestro alrededor.

La ciencia de la profecía podría permitir a un visionario, en un ejemplo sobre la guerra, por ejemplo, proyectar su visión sobre el futuro y alertar a la gente de su tiempo sobre las consecuencias de sus acciones. Muchas profecías, de hecho, van acompañadas de enfáticos ruegos para el cambio, en un esfuerzo de evitar lo que el propio profeta está viendo. Podríamos decir, "que el futuro visto es real, pero sólo uno de los futuros posibles". Los científicos modernos consideran cuidadosamente tales posibilidades, creando nombres para los eventos en sí mismos, así como los lugares donde las diferentes posibilidades se conectan. Con un lenguaje distinto, tal como ola del tiempo, resultados cuánticos y puntos de ruptura, las profecías como las del profeta Isaías toman un nuevo y poderoso significado. Más que predicciones sobre hechos futuros, podríamos considerarlas instantáneas tomadas del futuro, sobre las consecuencias de nuestras elecciones hechas en el presente.

Tales descripciones a menudo sugerirían la imagen de un gran simulador cósmico, permitiéndonos ser testigos de los efectos de nuestras acciones a largo plazo. Sorprendentemente, de forma similar a los principios cuánticos, que sugieren que el tiempo es una colección maleable de resultados diversos, Isaías va un paso más allá, recordándonos que las posibilidades de nuestro futuro se determinan por las elecciones colectivas tomadas en el presente. Una elección común compartida por muchos individuos, amplificaría el efecto y aceleraría el resultado.

Algunos de los ejemplos más claros sobre este principio cuántico se pueden encontrar en los efectos producidos por los rezos colectivos: repentinos cambios de un resultado de futuro a otro. Al comienzo de los años 80, los efectos de una técnica específica de oración, enfocada de una manera también específica, fueron documentados a través de experimentos controlados en áreas urbanas de alta concentración criminal. A través de estos estudios, el efecto localizado de la oración se encuentra bien documentado en la literatura independiente.

¿Se aplicarían los mismos principios en grandes áreas, quizá a una escala global?. El viernes 13 de Noviembre de 1998, se realizó una meditación colectiva a escala mundial, con el propósito de la paz, durante un momento de una especial escalada de tensión política en muchas partes del mundo. De interés específico en aquellos días era la expiración del plazo dado a Iraq para cumplir las demandas de las Naciones Unidas sobre inspección armamentística. Tras meses de negociaciones infructuosas para acceder a puntos sensibles, las naciones occidentales habían dejado claro que la negación por parte de Iraq a permitir el acceso a tales lugares, tendría como resultado el desencadenamiento de un ataque masivo diseñado a destruir los sitios sospechosos. Tal maniobra habría tenido como resultado la perdida de gran numero de vidas tanto civiles como militares.

    "Confirmando un principio descubierto en los textos de cientos de años de antigüedad, la evidencia simplemente establece que la elección común de muchas personas, enfocadas de una manera concreta, tiene un efecto directo y medible en nuestra vida".

Conectados por el milagro de una comunidad global a través de la World Wide Web, varios cientos de miles de personas eligieron la paz como una manera de meditación colectiva cuidadosamente sincronizada en un preciso instante de aquella noche. Durante el tiempo que duró la meditación, ocurrió un hecho que puede ser considerado como milagroso. Los libros de historia relatarán que treinta minutos antes del ataque aéreo sobre Bagdad, el presidente de los Estados Unidos dio una inesperada orden de "parar" la operación militar y abortar la misión. Tras haber recibido una carta de las autoridades iraquíes afirmando que cooperarían con las inspecciones solicitadas, la razón para el ataque dejo de existir entonces.

Las oportunidades de que un hecho de esas características ocurriese, coincidiendo en la misma ventana de tiempo que la meditación global, eran bastante pequeñas. Confirmando un principio descubierto en los textos de cientos de años de antigüedad, la evidencia simplemente establece que la elección común de muchas personas, enfocadas de una manera concreta, tiene un efecto directo y medible en nuestra vida. Apareciendo exteriormente inexplicados, los principios cuánticos permitirían tales cambios, como el resultado de la fuerza interior de un colectivo o grupo tomando una determinada elección. Probablemente encriptado en las tradiciones antiguas, hasta que el pensamiento de nuestros días pudiera reconocerlo, la ciencia perdida de la oración nos ofrece ahora una forma de acción para evitar la experiencia de predicciones de enfermedad, destrucción, guerra y muerte en nuestro futuro.

Nuestras elecciones individuales se mezclan con nuestra respuesta colectiva en el presente, llevando implicaciones que van, desde cuestión de días a muchas generaciones en el futuro. Ahora tenemos el lenguaje para traer este poderoso mensaje de esperanza y posibilidades a cada momento de nuestras vidas.

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