El Espíritu de Maat
Vol 1 Agosto 2000

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Transformando el Entorno en un Mundo de Paz
por John Perkins
con Diane M. Cooper

John Perkins

A través de la historia, nosotros los humanos hemos encontrado el arte de la transformación como uno de los métodos más efectivos para cambiarnos a nosotros mismos, tanto como individuos como comunidad. Un guerrero Sioux Lakota se transformaba en un bisonte para ser mejor cazador y para honrar al espíritu del animal que proporcionaba a su familia alimento, ropa, utensilios y combustible. Tribus enteras se adaptaron a glaciares, inundaciones y otros cambios medioambientales, alterando radicalmente sus percepciones internas y externas, cambiando de esta forma sus modos de vida para poder sobrevivir.

Desde la perspectiva chamánica, el arte de la transformación comienza con el intento. Después viene el poder de que ocurra en esta realidad, en contraposición a otras realidades no ordinarias. A continuación seguiría la acción.

Intento, energía y acción: sólo cuando estas tres fuerzas humanas se encuentran unificadas es posible la transformación.

Todos nosotros tenemos la capacidad de realizar transformaciones a un nivel celular -- de transformarnos en jaguares, arbustos o cualquier otra forma con la que creemos una alianza. También cada uno de nosotros podemos cambiar para ser más de lo que más respetamos y deseamos potenciar en nuestra vida, produciendo cambios fundamentales en nuestras actitudes, percepciones, prosperidad, salud, apariencia y relaciones personales. Muchos de nosotros estamos aprendiendo a utilizar este arte de la transformación chamánica para cambiar la situación medioambiental de nuestro mundo y conseguir un mundo en paz.

Los chamanes creen que nosotros somos uno con todas las cosas, incluyendo las montañas, los árboles y los jaguares. Por lo tanto, si anhelamos la idea de un mundo en verdadera paz, debemos mirar hacia un concepto mucho más grande que la simple existencia humana. Debemos mirar hacia la paz con todas las cosas.

¿Qué clase de acción podríamos tomar para tener paz?. Primero, yo creo que deberíamos preguntarnos a nosotros mismos por su verdadero significado. ¿Qué significa realmente estar en paz?. Si solo hablamos acerca de la paz entre los seres humanos, no estaremos hablando de verdadera paz. Si la paz entre los seres humanos significa mayor población y mayor riqueza y un despilfarro de los recursos del mundo, eso significa desastre entre las criaturas del mar, las plantas y los árboles, los insectos y todas las demás formas de vida sobre la tierra. A los ojos del chamán, "otras formas de vida" también incluyen los lagos, los ríos, los océanos, las montañas y las rocas.

John Perkins y el Dalai Lama Fue muy impactante para mí cuando hace un año tuve la oportunidad hace un año de pasar una temporada con el Dalai Lama. Un día estaba sentado a su lado, en un vuelo sobre el Himalaya, hablando largamente sobre el arte de la transformación (él tenía en sus manos una copia de mi último libro, La Transformación Chamánica: Técnicas para la Transformación Global y Personal). Le pregunté, ¿qué deberíamos hacer, su Santidad, para tener paz?.

Y me respondió, "bueno, usted debería saber que no podremos tener paz hasta que realicemos acciones que reflejen nuestra compasión y nuestra voluntad de hacernos responsables". El dijo después, "la paz puede únicamente venir de tomar responsabilidad por todas las formas de vida... todos los seres sintientes, incluyendo los insectos" (enfatizó esta última palabra, como tratando de dejarme claro que los seres sintientes no eran sólo las formas superiores de mamíferos y que nosotros, no podremos tener paz hasta que incluyamos en nuestra concepción de la vida a todas las futuras generaciones de todos los seres sintientes... incluidos los insectos).

Dentro del reino animal, los seres humanos somos la única forma de vida en el planeta que no tiene ya enemigos naturales y cuyo número está en crecimiento. La explosión demográfica en el mundo supone un detrimento para la tierra, las plantas y los animales, especialmente cuando nuestra población no para de demandar más y más recursos.

"El mundo es tal como lo sueñas", me dijo al final. "Tu gente soñó con inmensas factorías, altos edificios, tantos coches como gotas hay en este río. Ahora ustedes comienzan a ver que su sueño es una pesadilla". Se agachó para coger una piedra. "El problema en tu país es como este guijarro". Lo arrojó lejos, hacia el río. "Todas las cosas que hacen se extienden como ondas sobre la Madre".

-- Numi, chamán Shuar

"Por lo que, ¿qué podemos hacer para entrar en acción?" me pregunto.

Una de las cosas más importantes que podemos hacer es crear culturas y sociedades que honren profundamente a la madre tierra, que honren a todos los seres sintientes en todos los lugares. Culturas que por su naturaleza creen un lugar de paz, donde los árboles, los conejos, los insectos, las ballenas y los delfines puedan vivir.

Si queremos realmente tener paz, debemos cambiar nuestro sueño de cada vez mayores poblaciones, usando cada vez más recursos. Debemos cambiar nuestra necesidad de crear más coches, más casas, más cosas que están amenazando los bosques, los ríos, los lagos, los animales y los insectos. Debemos cambiar ese paradigma del crecimiento y el desarrollo.

Los Shuar del Amazonas -- los antiguos cazadores de cabezas -- juegan un importante papel en mi vida y son un fascinante microcosmos de un macrocosmos mayor. La primera vez que viví con los Shuar en 1968, el censo del Ecuador contabilizaba aproximadamente 7.000 nativos Shuar. Los antropólogos especulaban con que esta sería una cifra acertada y que probablemente habría sido así a lo largo de miles de años. Estos científicos creían que el mantener la población por debajo de los 10.000 habitantes, fue la única manera de tener una sociedad sostenible por tanto tiempo.

"Han perdido el contacto con su Madre", me dijo. Después se levantó, alzó sus brazos y los giró en circulo lentamente en rededor suyo. Cerrando sus puños, llevó sus manos hacia el corazón.
"Ahora comienza a doler".
"Sí". Diversas situaciones de mi propia vida afluyeron a mi mente.
"A veces pienso que lo único por lo que nos preocupamos es por el dinero, por dominar las cosas. Dominar a otras gentes, otros países.
La naturaleza. Hemos perdido la capacidad de amar".
Sus ojos se encontraron con los míos en una severa
mirada: "No han perdido la capacidad".

-- Numi, chamán Shuar

Los Shuar fueron una tribu guerrera. Eran cazadores de cabezas. Se ha especulado con que parte de la razón por la que eran cazadores de cabezas, fue la necesidad de reducir la población. Cada hombre, según los estudios antropológicos, mataba un promedio de cinco enemigos durante su vida y procreaba cinco niños que alcanzaban la edad adulta.

Tal como mencioné, el primer censo fue realizado en 1968. En la actualidad, poco más de tres décadas después, existe una cifra estimada de 70.000 Shuar. ¡En 30 años han pasado de 7.000 a 70.000 personas!. Cuando los misioneros y la escolarización llegaron a la jungla, las tribus fueron vacunadas contra la polio y otras enfermedades y a finales de los años 60 "la guerra" fue declarada ilegal.

Recuerde, la guerra para los Shuar, era una de las principales maneras por las que la presión de la población se mantenía equilibrada. Desde entonces, la población se ha multiplicado por 10 y desde una perspectiva Shuar eso no es una cosa positiva. No se les ofrecieron alternativas para tomar responsabilidad sobre la nueva sociedad que estaba creándose a su alrededor.

Los Shuar no creían en la muerte, por lo que no les importaba morir en la guerra y tampoco que sus niños muriesen durante la infancia -- ellos creían que siempre que una persona muere su espíritu se transforma en alguna otra cosa. Para ellos, ser un ser humano no era la cosa más grande que podía ocurrir y tras la muerte, se sentían felices de poder transformarse en un árbol, en un jaguar, o en la niebla del bosque.

"¿Cómo puedo cambiar, Don Alberto?. ¿Cómo podemos cambiar esta terrible situación que hemos creado?.

"Es simple", me respondió. " Todo lo que tienen que hacer es cambiar su sueño".

Sonaba muy fácil.

¿Cuánto tiempo nos llevará?.

Una vez más echó una ojeada hacia el río. "Puede lograrse en una generación. Necesitan únicamente plantar una semilla diferente, enseñar a sus hijos a soñar nuevos sueños".

--Numi, chamán Shuar

En la actualidad, algunos pocos de los 70.000 Shuar permanecen en la jungla llevando vidas idílicas. Sin embargo, la mayoría de los Shuar son básicamente esclavos en los ranchos o en las compañías petrolíferas, o están viviendo en chabolas en algunas de las ciudades que han crecido al borde de la jungla. La mayoría de los Shuar que han abandonado completamente la jungla, llevan vidas mucho peores que llevaban hace 30 años.

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