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Vol 1 Agosto 2000 Actualización: 6 de Febrero del 2001 |
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La ayuda hacia los Ecosistemas Naturales y los Pueblos Indígenas una Visión desde dentro del Banco Mundial[*]
por Claudia Sobrevila Desde pequeña he sentido fascinación por la naturaleza y el poder de los hábitats naturales. Cuando crecía solía visitar lugares del sur de Venezuela donde la energía del aire, las rocas, el agua y las plantas era tan pura que me transportaban a algo que sólo puede describirse como un estado mental de dicha. No necesitaba de drogas ni de ninguna otra cosa para sentir esa grandeza. La Naturaleza era el mejor camino para sentirme revitalizada energéticamente y en equilibrio con la vida y las cosas. No muy sorprendentemente elegí estudiar ecología y me convertí así en una naturalista. Supongo que la pregunta más intrigante es porqué quise ejercer mi carrera en el Banco Mundial.Comencé a trabajar en el Banco Mundial en 1992. Dejé un gran puesto de trabajo como Responsable de Ecología del programa Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en el cual presté mi ayuda a ocho países de América Latina para inventariar sus recursos naturales. Realizábamos informes sobre ecosistemas y enviábamos propuestas a los gobiernos para la creación de parques nacionales. Existían razones convincentes, de tipo medioambiental, económico y cultural para proteger las áreas que identificábamos, incluyendo su increíble biodiversidad, sus cuencas que proporcionaban agua pura a las ciudades y sus importantes monumentos indígenas. Concienciábamos a los representantes de las administraciones sobre la increíble riqueza que poseían y la necesidad de preservarla para las futuras generaciones. Tuvimos algunos éxitos. Pero no suficientes. Cuándo les dije a mis compañeros que iba a trabajar para el Banco Mundial, mis amigos de la Agencia para la Conservación de la Naturaleza se quedaron estupefactos y me preguntaron, "¿Cómo podrás trabajar para esa organización arrogante, dirigida nada más que por los intereses económicos, por el dinero de los gobiernos y los intereses creados y con total desprecio hacia el impacto medioambiental de sus gigantescas operaciones?". Yo no lo sabía y me hacia también las mismas preguntas. Pero lo que sí tenía claro era que si íbamos a preservar el medio ambiente, iba a requerirse un esfuerzo concertado mucho mayor, que comprendiese multilateralmente tanto a instituciones financieras, gobiernos y sociedad civil. Por lo que respondí bastante sinceramente, "Porqué no puedo creer que todo en el Banco Mundial sea malo. Debe haber algo bueno y si yo puedo conectar con ese algo bueno, podré hacerlo crecer". Pasé cinco magníficos años en el Banco. Años llenos de frustración y lucha "contra la corriente" (la palabra Banco), por el medio ambiente y hacer que éste formase parte de la cultura institucional. Volví entonces a la comunidad NGO - otro gran trabajo, esta vez como Director Senior para el programa de Conservación Internacional en los países andinos. Dos años y medio después el Banco Mundial me pidió volver y es ahí donde me encuentro en estos momentos. De esta forma he podido ver las muchas caras de la política medioambiental internacional y he podido tener experiencias de primera mano con los actores locales, regionales e internacionales que intervienen en los temas de defensa del medio ambiente. En la actualidad mi respuesta a la pregunta de porqué un ecologista serio trabajaría en una institución tal como el Banco Mundial no es muy diferente. El Banco Mundial y otras instituciones multilaterales tienen un importante papel a desempeñar. El Banco Mundial es grande y mantiene un diálogo con los gobiernos de 152 países clientes, puede aportar muchas cosas positivas y con su ayuda limitar el daño que resultará de las inevitables actividades de desarrollo en estos países. Viéndolo de otra manera, el mandato del Banco Mundial de aliviar la pobreza a través del un desarrollo equitativo y sostenible que preserve además el medio ambiente, es un camino en una cuerda floja. Y con tal disparidad de actores, en tantos niveles, en los dominios públicos y privados, el potencial para movilizar personas y recursos de una institución como el Banco Mundial o los bancos de desarrollo regional es enorme. Llevo una vida maravillosamente ocupada en el Banco Mundial. Dirijo cinco proyectos medioambientales en Colombia, Ecuador y Brasil. Estos proyectos se nutren del Fondo Global para el Medio Ambiente, que a su vez es manejado por el banco. Los fondos FGM provienen de los países más ricos del mundo y proveen concesiones en oposición a los préstamos a los gobiernos, que representan el principal negocio del banco. Mi especialidad en el banco consiste en ayudar a los gobiernos en la creación y mantenimiento de sus parques nacionales. Trabajo codo con codo con las personas reales que realizan los proyectos hidroeléctricos y de vías de comunicación, ¡y que a menudo sienten la carga de karma que debe producir el tener que trabajar en la construcción de carreteras a través de los bosques vírgenes e inmaculados!. Pero la política del Banco es ya no realizar más proyectos gigantes de gran impacto medioambiental y los proyectos de infraestructuras deben ser previamente analizados por personal del banco especializado en medio ambiente, siguiendo criterios rigurosos de valoración del impacto sobre el medio ambiente. Esto no quiere decir que no se produzcan errores, pero, al menos, es justo decir que el Banco no va a ser más una institución de desarrollo "a toda costa". El Banco presta dinero a los países en vías de desarrollo principalmente para combatir la pobreza. La mayoría de los gobiernos desean préstamos para el desarrollo, que les permitan enfrentar sus problemas de pobreza y generar los recursos necesarios para devolver dichos préstamos. Muchos de los prestamos - quizá entre un 30 y un 40 por ciento - se destinan a la salud y a la educación y a la resolución de problemas sociales serios. Es raro que se soliciten créditos para necesidades medioambientales y el Banco tampoco puede obligar a los gobiernos a hacerlo. Al principio de mi llegada al Banco, dos países, Venezuela y Brasil, habían pedido préstamos para financiar sus sistemas de parques nacionales. Unos años más tarde, azotados por la crisis financiera de la segunda mitad de los 90, dichos países rechazaron invertir en el medio ambiente. No había dinero y sus economías se encontraban colapsadas. Con la actual estabilización de al menos algunas de las economías del mundo, gracias a los esfuerzos del Banco, el IMF, los gobiernos y los sectores privados, tenemos la esperanza de que la solicitud de préstamos para el medio ambiente se reanude de nuevo, especialmente en países como Brasil. Las áreas naturales y parques son de gran importancia para nuestra sociedad y sin embargo son tan poco apreciadas... Mantienen la salud de las personas, contienen en sus plantas maravillosos valores medicinales, tienen un increíble potencial reenergetizador, mantienen el equilibrio climático global y limpian el agua y el aire que respiramos. Si realmente nos importasen nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos deberíamos dedicar y rededicar nuestros esfuerzos al medio ambiente. No existe realmente nada, ningún tema más importante para nuestro futuro que éste. Y sin embargo padecemos de una gran miopía e inconsciencia, estamos centrados solo en nosotros mismos. Recuerdo una vez que encontré a mi hijo de siete años en la calle arrojando bombas de agua a dos hombres que intentaban cortar un árbol. Estaba llorando y no podía soportar la idea de que aquellas sierras mecánicas cortasen las ramas de ese bello árbol. El árbol era algo muy vivo para él. Y no había ninguna razón particular que justificase el destruirlo, excepto que sus raíces eran demasiado grandes y se metían en el jardín de los vecinos. La gente siempre puede encontrar alguna razón para terminar con la vida. ¿Pero porqué?. ¿No hay espacio para todos?. Y siempre existe una razón de mayor orden y magnitud para no destruir un organismo vivo. Si usted desea tener un jardín soleado y su jardín se encuentra cubierto de árboles, de gracias de tener esos árboles y busque otro lugar para su jardín. ¡Podemos tenerlo todo!. Pero volvamos al Banco Mundial que en el año 1992 estableció el Fondo para la Conservación de las Selvas Húmedas, junto con los 7 países más ricos del mundo. Este fondo soporta una nueva iniciativa, "el Programa Piloto para la Conservación de la Selva Húmeda en Brasil". La Amazonia brasileña ocupa más de la mitad del territorio de Brasil. Cubre cerca de 5 millones de kilómetros cuadrados, una vasta área de proporciones similares a la mitad del territorio continental de los EE.UU., o superior en tamaño al territorio de los 25 países europeos combinados. Una quinta parte del agua natural en el mundo fluye a través de sus sistemas fluviales. La Amazonia es la mayor región de bosque tropical que queda en el mundo. Debido a que la Amazonia y sus ecosistemas se encuentran todavía relativamente intactos y libres de la intervención humana, representan hoy día la mayor fuente de funciones ecológicas vitales necesarias para salvaguardar nuestro planeta del desastre producido por el cambio climático global u otras alteraciones medioambientales. La Amazonia es el principal campo de batalla en el cual la salud y la capacidad de vida de nuestro planeta serán decididas. Esta es la razón por la que el Banco y los siete países citados decidieron crear el Fondo. El programa es de una gran complejidad y mencionaré únicamente uno de los proyectos particulares que ha resultado en un gran éxito. Las selvas amazónicas son el hogar de más de 250 tribus indígenas. Estos pueblos han convivido durante largo tiempo con el ecosistema amazónico sin causar mayores problemas de degradación medioambiental. Sus especializados conocimientos y capacidades de administración de los recursos han sido considerados por muchos científicos como ejemplares. Como resultado de la colonización, la guerra y las enfermedades, el número de indígenas en Brasil ha descendido, desde una población estimada de 8 millones de habitantes a principios del siglo XVI, hasta la actual población de no más de 300.000 personas. Se cree además que todavía existen unos 2.000 o más indígenas en tribus aisladas que todavía no han tenido un contacto significativo con la sociedad brasileña. La legalización de las tierras indígenas es un paso de extrema importancia hacia la preservación de sus valores culturales y espirituales. Sin embargo, solo el 50% de las tierras habían sido reconocidas hasta 1994 (41 millones de hectáreas).
El proyecto del Banco Mundial ha apoyado la legalización de 22 millones de hectáreas en 39 reservas indígenas y ha identificado 23 nuevas reservas no reconocidas con anterioridad por el gobierno (11 millones de hectáreas). Esto supone un tremendo resultado. No solo aporta una enorme contribución a la protección del medio ambiente, sino que reconoce también los derechos de propiedad de los pueblos indígenas. El Banco está cada vez más implicado en proyectos como éste, que subrayan el bien que se puede realizar cuando sus recursos y esfuerzos son puestos al servicio de los temas medioambientales.Mucho más a menudo, sin embargo, tales proyectos representan únicamente loables compromisos intelectuales por parte de la institución y las mejores personas en el Banco. Mucho mejor es cuando se dispone de ambos compromisos, el intelectual y la motivación experimental que viene del conocimiento de primera mano. Hace dos años organicé un viaje de 12 personas para visitar la selva tropical de Venezuela. Viajamos con 6 niños. Se unieron a nuestro grupo otros tres niños indios que hicieron amistad con nuestros hijos. El resultado fue el más rico de los intercambios culturales. Mi hijo y el resto de nosotros pudimos aprender muchas técnicas, tales como la pesca con curare, la talla y la confección de cestos. Observamos con cierto pavor lo bien que se adaptaban nuestros amigos indios al entorno, su paciencia, su fuerza y su pureza. Aprendimos el respeto y muchas otras cosas de estos bellos niños indígenas. Las gentes indígenas del Amazonas no son la única joya que guarda la región para la humanidad. Dichas joyas son en primer lugar las plantas, los animales, el agua, el aire y la tierra. Conscientes de que muchos países en desarrollo no son capaces de proteger sus recursos medioambientales por ellos mismos, algunos países miembros de Banco Mundial decidieron crear el Fondo Global para el Medio Ambiente. A través de este programa, los países más ricos del mundo están concediendo fondos a los gobiernos de las naciones en desarrollo. El presidente del Banco Mundial demostró también su visión, cuando en 1999, junto con el Fondo para la Vida Salvaje en el Mundo (World Wild Life Fund), estableció una nueva sociedad para la creación de 50 millones de hectáreas de nuevas áreas de selva protegida en el mundo. Poco después, el gobierno de Brasil se unió a la iniciativa, anunciando la creación de nuevos parques nacionales en la Amazonia con una extensión total de 25 millones de hectáreas. Ha sido un privilegio para mí el haber colaborado con el gobierno brasileño en este proyecto.La adhesión de Brasil a esta iniciativa ha sido crucial. De acuerdo al estudio publicado por la Agencia de Conservación Internacional el pasado año, Brasil es el país más rico en el mundo en términos de biodiversidad - esto es, plantas y animales. El estudio identificaba los 17 principales países en cuanto a biodiversidad en el mundo. Estos países contienen el 50% de todos los animales y plantas del planeta. De estos 17 países, Brasil es el número 1. De un total de 250.000 especies de plantas en el mundo, 55.570 se localizan en Brasil y de ellas, aproximadamente, 25.000 en la selva amazónica. De igual forma, de las 43.259 especies de vertebrados conocidas en el mundo, Brasil guarda 3.131, una cifra comparativamente importante si tenemos en cuenta que EE.UU. guarda un total de 1.651. En términos de biodiversidad acuática la Amazonia brasileña dispone de más de 2.000 especies de peces, en comparación con el total de 18.910 registradas en el mundo entero. El programa de creación de nuevos parques nacionales en la Amazonia brasileña, indica que Brasil está comenzando a reconocer el verdadero valor de sus increíbles recursos naturales. Hasta ahora la selva amazónica había sido considerada como ilimitada. Consecuentemente había sido infravalorada considerada casi como un bien de acceso libre como el aire que respiramos con la consecuencia de que fue quemada con total impunidad y tratada como cualquier tipo de solar de una ciudad. Aproximadamente el 15% de la selva amazónica ya ha sido talada. Miles de especies han desaparecido debido a la miopía de la visión a corto plazo y a la vorágine de ganancias económicas de las explotaciones no reguladas. El verdadero valor de la selva amazónica para la economía de Brasil y del mundo ha sido completamente subestimado. En un esfuerzo para equilibrar esta balanza, los gobiernos locales y nacional de Brasil han tomado la decisión de reservar un 10% de la Amazonia para su conservación esto es, 25 millones de hectáreas en 10 años. El proyecto ha contado con la oposición de muchos grupos que representan intereses creados locales y nacionales. Dichos grupos temen que dicha reserva mínima (un 10% del territorio) impida el "necesario desarrollo". No siendo este el caso muchos de los proyectados parques se encuentran situados en áreas remotas y existe suficiente superficie deforestada en la Amazonia para el desarrollo de la agricultura debería evitarse a toda costa la deforestación de nuevas áreas. ¿Pero, se podrá evitar?. La oposición a las iniciativas de parques nacionales se basa en una mentalidad que se apoya tenazmente en dos mitos. En primero de ellos es la creencia de la gente de que someter las tierras a un régimen de desarrollo protegido será peligroso para sus intereses. El segundo mito es que las tierras que ya han sido taladas y depredadas no pueden ser ya productivas para la agricultura. Estos dos mitos deben ser refutados. La protección de vastas extensiones de hábitats de selva natural es esencial para la salud de nuestro planeta y de sus habitantes humanos (y al final para aquellos mismos que sostienen tales mitos, para sus hijos y para los hijos de sus hijos). Es esencial para nuestra vitalidad individual y de especie. Estas piezas de bosques y hábitats naturales son responsables del mantenimiento de la limpieza del resto de la biosfera devastada del planeta. Por otra parte, las tierras taladas y aparentemente no fértiles puede convertirse en extraordinariamente productivas y saludables si se usan las herramientas adecuadas. La comunidad global necesita realizar el compromiso de no tocar nunca más los ecosistemas intactos del planeta y comenzar a hacer productivas las tierras abandonadas y que ya han sido destruidas. No hay necesidad de más destrucción. Absolutamente ninguna necesidad. No existen valores o modelos económicos sostenibles válidos que justifiquen más destrucción. Lo que está detrás de la destrucción es la ignorancia, la separatividad hacia lo que nos rodea, la avaricia, el dinero fácil y la falta de integridad y responsabilidad hacia el planeta y hacia la vida en general. Debemos hoy declarar todos una moratoria a la destrucción de áreas naturales. Insisto en que no soy ingenua ni ciega a las necesidades de desarrollo. Pero deberíamos ser capaces de usar la tecnología para mejorar la agricultura y las tierras abandonadas para la producción de alimentos, evitando así la destrucción de más selvas vírgenes en el insensato círculo vicioso de quemar - plantar y abandonar. A la vez que la ética del nuevo milenio y el imperativo moral de cuidar nuestro planeta se extiende a nivel mundial y dentro de la sociedad brasileña, los parques nacionales que la sociedad brasileña está creando, se convertirán en un reflejo de la visión compartida por el Gobierno y el Banco Mundial. La sociedad brasileña será más rica económica y ecológicamente debido a este trabajo. Y el mundo podrá contemplar estas zonas naturales que eclipsan la belleza contenida en cualquier pirámide de Egipto, en la asombrosa civilización Inca representada en el Machu Pichu o incluso en la mejor obra de arte de Picaso, porque lo que representan es la incomparable belleza de la naturaleza en todo su esplendor. La sociedad brasileña salvaguardará para la humanidad una pieza de extraordinario valor en la historia de la Tierra. Esta es la visión y la esperanza que hay detrás de este proyecto brasileño de preservar un mínimo 10% de la selva y deberíamos estar agradecidos a Brasil por este servicio a la humanidad. A pesar de estas buenas noticias de Brasil y de otras partes del mundo, un inmenso desafío permanece, y el Banco Mundial sólo no puede esperar frenar la destrucción del medio ambiente y de los pueblos indígenas. Esto únicamente podrá conseguirse si los diferentes gobiernos, los grupos de la sociedad civil y todos nosotros como individuos nos unimos para parar la devastación natural, cultural y espiritual. Debemos acercarnos a los pueblos indígenas con respeto y con una profunda apreciación de sus diferentes sistemas de valores. Debemos acercarnos con una espiritualidad madura que no permita a nuestros egos y a nuestra separación cultural dañar las almas puras de estos pueblos amenazados. Necesitamos acercarnos a ellos desde el corazón. Y la financiación y la ayuda para el desarrollo deben ser flexibles, culturalmente sensibles y enfocarse también desde el corazón. De otra manera corremos el riesgo de transferirles nuestros vicios y planteamientos erróneos. Debemos llevar la visión y los valores del nuevo milenio. Nuestras vidas y las vidas de las futuras generaciones están sobre el tapete.
* Las interpretaciones y conclusiones de este artículo son particulares del autor y no representan necesariamente los puntos de vista del banco Mundial o de sus instituciones asociadas. |
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