El Angel de Auschwitz
Un nuevo libro de Tarra Light
Desatando la soga de su bolsa, Jerza comenzó a jugar “el juego de la piedra”. Dentro de su bolso había más de cincuenta pequeñas piedras redondas, como del tamaño de las canicas. Cada piedra era un tesoro muy preciado de la tierra. Con la punta de su vara, formó pequeños agujeros alineados en el suelo. Clasificando cuidadosamente sus piedras, tomó solamente aquellas que encajaban en cada agujero. Ese acomodo preciso de piedras era su código secreto, como jeroglíficos.
Luego fue mi turno de inventar un nuevo juego. Tomé una vara y diseñé símbolos, trazándolos desde el ojo de mi mente. La parte divertida del juego era que Jerza adivinara lo que yo estaba pensando al ver cada símbolo. De esta manera, desarrollamos nuestras habilidades telepáticas y la conexión psíquica entre nosotras.
Como Jerza dibujaba en la tierra, la brisa hacía que su manga volara hacia atrás, exponiendo una cortada grande desde la muñeca hasta el antebrazo. No había sanado debido a los abscesos y la infección. Le pedí permiso para imponer mis manos sanadoras sobre la herida. Ella sentía mi amor y aceptó. “OK”, dijo, “al menos intentemos”. Cerré mis ojos y dije una oración. Enfoqué las energías de sanación como había hecho antes cuando trabajaba con mi familia y animales. Cuando mis manos entraron en calor, vi a Jerza suspirar y relajarse. Cuando cerró los ojos nos armonizamos la una con la otra. Al abrir los ojos exclamó, “ya no me duele”. Podría decir que ella no entendía, pero confiaba en mí.
“¡Alabanzas!”
Me sorprendió escuchar una voz que me hablaba. Entró en mi mente como una oleada de pensamiento puro sin tono ni timbre. Miré alrededor pero no vi a nadie que pudiera estar dirigiéndose a mí.
“Muy bien, Natasza. Te felicito por tu talento en la sanación. Eres una ayuda para muchos con tus manos listas”.
Forcé mis ojos para ver una vez más a mi alrededor. Después los relajé y volví a enfocar, viendo con mi visión interior como me enseñó mi madre. De esta forma, fui capaz de discernir la figura de un hombre con una luz brillante a través de él. Era un fantasma!
Al principio me quedé mirándolo con incredulidad, la cual después de convirtió en curiosidad. Después de mi shock inicial al ver un fantasma, mis emociones se calmaron. Entoné mi visión psíquica y lo volví a mirar cuidadosamente. Parecía ser algo así como un hombre corpulento a mitad de sus sesenta años. Caminó hacia mí, encorvado, apoyado en una vara que sostenía en su mano derecha. Su cabello era gris y peinado hacia atrás, y tenía bigote.
“Déjame presentarme, jovencita. Mi nombre es Boris Brozinski. He estado observándote por un buen rato. Ahora has madurado. Tu telepatía está bien sintonizada; eres capaz de verme y escucharme. Es tiempo de mostrarme ante ti.”
“Aparecí antes de que lo supieras para pedirte que escuches a tu corazón. Siente cómo se mueve tu corazón con compasión. Escúchalo cómo habla con sabiduría. La voz de tu corazón te está llamando a que camines por la senda de tu destino. Has sido llamada a servir a la humanidad. Has sido llamada al ministerio de la Casa de Judah. Has sido elegida por el Más Alto, y has sido bendecida con los dones del Espíritu para llevarte a través del camino.
“Responde la llamada de tu corazón. Si comprometes tu vida al servicio de nuestra gente, yo te asistiré como tu mentor y guardián espiritual. Te protegeré del peligro, y te mostraré cómo vencer el enojo. Te enseñaré más acerca del arte de la sanación y de la ciencia de la medicina. Este conocimiento es necesario para el trabajo de tu vida futura. Ya no puedo sólo con esta carga. Necesito a alguien con tus dones y habilidades para que trabaje en asociación conmigo.”
¿Quién era este fantasma que había estado observándome en secreto? ¿Cómo podría él saber cuál iba a ser mi llamado? Nunca antes había visto un fantasma. Desde que dejé la seguridad de mi hogar y mi aldea, las raíces de mi realidad habían sido tiradas al viento.
“¿Qué lo mueve con tanta pasión?”, le pregunté al hombre-fantasma.
“¿Qué lo motiva a ayudar a la gente?”
“Cuando era niño – me respondió – era muy parecido a como eres tú ahora: sensible y psíquico. Pero negaba mis sentimientos e ignoraba mi intuición para poder desarrollar destrezas intelectuales. Era excelente en mis estudios y me consideraban brillante. Me nombraron profesor de historia y estudios Judíos en la Universidad de Varsovia. Era visto como un erudito y respetado por mis colegas. Después de subir por la escalera del conocimiento, me escondí del mundo en mi torre de marfil de ilusiones. Disparos retumbaron en la torre, y desperté de mi sueño. Desperté para ser testigo del horror, de los Nazis invadiendo nuestras tierras y brutalizando a nuestra gente.”
“Debo enmendar mi arrogancia. Me arrepiento de haber enterrado mi cabeza en los libros como una ostra. Me siento arrollado por la culpa y el remordimiento por darle la espalda al sufrimiento de la humanidad mientras con vanidad buscaba los honores vacíos del poder mental. Mi joven esposa y dos hijos fueron llevados a los campos de trabajo como esclavos. Me transfirieron de campo en campo; fui etiquetado como un problemático porque tomaba riesgos para ayudar a mi gente. Finalmente, me dispararon por desafiarlos. Ellos asesinaron mi cuerpo, pero no pudieron destruir mi espíritu.”
“¿Por qué me eligió a mí, profesor?” Le pregunté. “¿Por qué yo?”
“En el corazón de tu corazón, tú sabes la respuesta. Tu corazón ya ha elegido. ¿Eres capaz de dedicar tu vida al servicio de Dios y la humanidad? ¿Estás lista para responder a Su llamado? Tu luz brilla como un faro de esperanza en la niebla de la opresión. La misericordia de tu amor suaviza los corazones endurecidos. Dices la verdad a pesar de las consecuencias,” Boris me eligió. Él continuó, “necesito la asistencia de una contraparte humana”.
“Tenemos muchas almas que salvar, muchos cuerpos que sanar. Hagamos un acuerdo para trabajar juntos por el bien. Hagamos un trato ahora. No hay tiempo qué perder.”
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Published by Frog Books/North Atlantic Books. www.northatlanticbooks.com
Copyright (c) 2009 by Tarra Light.
Sobre el Autor:
Tarra Light es sanadora espiritual, artista, y escritora con un enfoque en el despertar psicológico. Ha sido llamada a servir por la sanación del mundo a través de sus escritos inspiradores, abriendo el corazón a la divina compasión y abriendo la mente a las nuevas formas de ver. Vive una vida tranquila de contemplación en las montañas del Norte de Idaho.
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